ANUDAN EL CABO DE UNA CEREZA CON LA LENGUA

25 nov. 2010

DE MÁS


Nos preguntamos si nos ataríamos.
O si lo haríamos desatados.
Consideramos que no había diferencia.
Por las dudas escondí una tijera y una soga.
En el bosque.
Pero una de las dos está de más.








Foto: Jan Saudek, The Tiara, 1972.

22 nov. 2010

NO SUELTES


No sueltes tu muñeca para penetrarme.
Cada órgano es un órgano de penetración.
Mi esófago te anuda como un foulard,
mi estómago digiere tus fluidos,
mis intestinos se enroscan a tus piernas.
Que tu abrazo sea manco,
que tengas una sola axila.
Que tu infancia te observe
ejecutando sus insinuaciones.
Empapando sus articulaciones
limitadas.
Así es. Esto era el sexo.
Otra forma (inútil) de saciar el hambre.
Otra forma (inútil) de parar el tiempo.


Ella ya lo sabía. Ya se lo habías contado.
No hay muñeca en este mundo
que se tape los ojos.




Foto: Jan Saudek, The Doll, 1975.

26 oct. 2010

EXITS ALL ALONG THE ROAD


Este tajo es mío.
No es una boca.
No habla.
Porque todas las lenguas están muertas.
Este tajo actúa, que es parir.
Deja caer sus actos perpendiculares a la tierra.
De mi tajo caen taras, miserias y terrores.
Caen, cuando quiero vivir,
unas flores rarísimas.
Flores
como transatlánticos iluminados en la noche,
un cine en el que la pantalla es una sábana,
un volante convocando a asamblea
de flores. Que caen.
Estoy pariendo todo el tiempo.
Cucharas, escafandras, pañuelos.
Yo elegía el color de mis menstruaciones.
El rojo es una convención arbitraria.
Mi tajo es un accidente de la naturaleza.
A mí me toca convertirlo
en una declaración de voluntad.


Imagen: Lucio Fontana, Concetto Spaziale, Attese.

24 sept. 2010

DOUBLE EXIT


Mi tajo es semejante a aquél del que salí.
Debo salir de nuevo, por mi propio tajo.
Debo circunscribir, contorsionarme, adelgazar
hasta moverme como una línea en tránsito.
Tirar lo que sobra. Frotar el exceso. Escupir.
Reducir mi estructura al mínimo mapa indispensable.

Entonces, cuando mi cabeza asome nuevamente,
tensando la soberanía de mis labios,
rechazaré las propuestas del circo y de las tribus.
Diré: me he parido, he cortado el cordón, emancipada,
no hay llanto que no sabe, no hay sangre previsible,
sino el insoportable rastro de mugre acumulado,
la efímera visión de un cielo de estrellas de alquiler.

Me lavaré con la lengua de una aviadora acróbata.
Beberé de la lata donde beben los perros.




Imagen: Lucio Fontana, Concetto Spaziale, Attesa, 1967.

13 sept. 2010

NO EXIT


Del tajo en el que entraste
para hundirme en el mundo,
no saldrás. No lo lamento.
Atragantado de flores y murciélagos,
nada podrás decir.
Nada se dice abajo, en esa noche.
Los murciélagos rivalizan con los pájaros.

(Al tajo que me expulsó a este mundo,
sin pedirlo, no podría volver. No lo lamento.
Está tatuado en mí. Tracé el dibujo.
Atragantada por lo impronunciable,
lo convertí en el cuerno de mi propio unicornio.
Perforo, cuelgo, anudo, elijo el estandarte)

Mi sexo prensil te ha secuestrado.
Sellado con sus labios la salida de tu curiosidad.
No podrías estar mejor en otra parte.
Te como y tus astillas navegan por mis venas.
Ahora que ya me has visto desde adentro
supongo que no hay nada que quieras preguntar.



Imagen: Lucio Fontana, Concetto Spaziale, 1961.

18 ago. 2010

LOS CONTINENTES CHORREAN DE LOS MAPAS



Habla Lucrecia H., que también musicaliza cuando escribe,
desde su Salón Japonés.


El mundo se ha encogido,
ya no esconde cuevas sin mi olor
Mi marca de hembra colorea los puntos cardinales
No hay camino sin la estela de mi instinto
Ni tiempo que diluya
el perfume de mis coordenadas
La confusion es lógica y excusa
Has rogado por el alivio del olvido
Pero masticas las letras del desenlace que conoces
Tu cuerpo pulsa la química de mi sangre
Tu piel lleva mi sello
Los continentes chorrean de los mapas
El mar ya no puede alejarme
No te quedan culturas, lenguajes ni credos
Que hablen dogmas más potentes que mi nombre
Hilvané las estrellas
con hilos del agua que generas
Tu deseo sólo sigue mi rastro
Todo huele y sabe a mí.

Gracias, Sis V.


12 ago. 2010

UN MÍNIMO ALFILER


Cierro la puerta con llaves y candado,
busco, empujo y arrastro
un armario contra la puerta.
Lo vi en muchas películas de terror.
Arrojo los señuelos a un cubo de basura.
Dono la ropa usada y regalo los libros
con tus notas al margen.
Todo lo que perteneció a esa época.
Pero tu imagen que vuelve no es un hacha
rompiendo la madera.
No hay una decapitación ni un rostro
que se sacude y deja de moverse
debajo de la almohada.
Esto no puede verse.
Esta trepidación, esta corriente eléctrica.
Tu recuerdo es un áspero animal
al que no atino a ponerle una correa.
Un mínimo alfiler
que perfora y derrumba
la zona anestesiada.


Imagen: Barbara Kruger, Thinking of you, 1999.

31 jul. 2010

DESCOLGADA


No corras. No intentes alcanzarme.
El cuerpo es lo último que se retira.
Si lograras tocarlo,
tocarías la sombra que dejó a su paso,
una sombra vacía y ya,
desde el principio de la huida,
sin cabeza.




Imagen: Homo sapiens sapiens (2005)
Video-Instalación, Pipilotti Rist.

23 jul. 2010

UNA CAMA CUELGA DE MI PIERNA


Puse la cama a salvo de esta vegetación
que fácilmente podría devorarme.
Suelo dejarme ir
ante la cópula estática de las mariposas,
ante los círculos tristes del insecto extraviado.
El crecimiento de la hierba es un lentísimo péndulo.
La tierra entera es el único terrario
aceptable.
No he aprendido a distinguir los reinos.
Respetaré tu derecho a temer.
Tu impaciencia, tus propias hipnosis.
Dejo la cama colgando de mi pie,
fuera del río.
Quién se atreve a decir que volverá.
Quién puede asegurar
cuánto te esperará esta noche.




Imagen: Homo sapiens sapiens (2005)
Video-instalación, Pipilotti Rist.

19 jul. 2010

MI PIERNA CUELGA DE LA CAMA


Que me lamas el pie me hace flotar.
Lamer es lavar, es pintar, es dejar
correr el pensamiento.
Hasta no enterarse de pensar.
Mi pierna cuelga de la cama
como una homeless.
Una rama después de la tormenta.
Un objeto a por el que ascenderá
tu infinita ternura.
Mi pie quiere tocar el agua.
Sabe que vendrás, no necesita
maquillarse para ser carnada.
Mi pierna cuelga de la cama
como una carta.
Entregado a la planta
de mi pie,
mi perro, que es mi lago,
cierra el sobre.
Calma mi corazón tremendo,
limpia mi piel
del invariable error de las palabras.




Imagen: Homo sapiens sapiens (2005)
Video-instalación, Pipilotti Rist.

13 jul. 2010

NUESTROS HIJOS


Nuestros hijos serán nuestros hijos.
Lavaremos sus pies, cortaremos su pelo.
Les contaremos cuentos para invocar el sueño.
Apartaremos a las bestias del bosque.
Buscaremos juguetes, escuelas y paraguas.
Combatiremos la fiebre junto a sus camas.
Los llevaremos a conocer el mar.
Abjuraremos de la soga y la sombra del dominio.
O no.
Crecerán respirando nuestra podredumbre.
Sujetos a nuestras tablas de la ley.
Comiendo de la mano del verdugo,
del hábil para el cálculo, del domador de tigres.
Muñecos del ventrílocuo, gallinas ponedoras,
machos reproductores del capital manchado.
O beberán inconscientes una mezcla
que deberán, si pueden, discernir;
será un revuelto de veneno y viento.
¿Qué otras opciones tienen nuestros hijos,
cualquiera sea la forma de sus casas,
si no hubo carta a París,
si París no existe y no puede criarlos?



En la foto: Ellen De Generes y Portia de Rossi. Esposas.

9 jul. 2010

EL CORAZÓN


El corazón es engañoso
por sobre todas las cosas.
Vio tu mitad, tu nuca,
tus sombras de la China.
Y les dio de beber.
Y les dio de comer
sus esperanzas.
El corazón actúa
urgido por su necesidad.
Tocado y hundido,
besa la mano impasible
que lo hundió.
No ve venir el tren,
no advierte que no hay tren
al que subir.
El corazón no tiene dignidad.



En la foto: Asia Argento.

25 jun. 2010

COSITA


Ahora soy la máscara ritual
que agradece la industria cosmética.
Tus hormonas morbosas se encabritan
un rato. Soy tu muñeca, tu sedosa cosita.
Qué rápido se olvida
la provisoriedad de las metamorfosis.
Del carnaval de Venecia queda el papel picado.
Sombras apresuradas
absorbidas por los ángulos de niebla.
Es como si no hubiera existido la fiesta,
sino las sobras y los platos sucios
después de despedir al último invitado.
A la hora en la que retroceden los vampiros,
ya no seré tu Marylin.
Porque en estado salvaje
me habrás corrido el rimmel,
despintado los labios,
lavado de accesorios y carnadas.
Con el pelo revuelto,
sin push-up, sin encajes,
sin sala cinematográfica a la vista,
te asomarás al abismo del aro.
Un inmisericorde rayo de sol
se posará en mis pómulos.
Advertirás mis medidas incorrectas,
mi cicatriz, mis tobillos dispares,
el mapa irreversible de mis pecas.
Se habrá fugado la pin-up.
Y tus pies tendrán que decidir.



En la foto: Scarlett Johansson.

16 jun. 2010

EL FLUJO QUEMA (CODA)


Al fin de la ascensión en singular
donde todo ha sido puesto en juego
soy la niña perpleja y reclamada
por todos los colores de todos los sexos.
En mi boca madura una manzana.
En mis ojos de lago piden pista
las estrellas fugaces.
Yo las dejo venir a mí.
Yo no puedo ni quiero decir que no.
Cuelgan del pico de los pajaritos,
del pico de las pajaritas,
del pico de los pájaros de alas duplicadas.
Los pasajeros en tránsito del arco-iris
pasan la noche bajo mi sombrero.



Foto: Irving Penn.

23 may. 2010

EL FLUJO QUEMA (II)



Estrangulada
por la visión del cable telefónico
pedí a tu lengua la máxima inclemencia.
Le pedí alcohol en el tajo sin sutura,
surf al pie del abismo.
Más de lo mismo, no. Pero no estabas.
Mis dedos detectives en la urgencia
recolectaron flores narcotizadas,
picos de alpinista, la sombra
de una intrépida escafandra abandonada.
Todo chorreaba y era de colores.
Con los colores me froté la boca y al revés.
Mi boca de mujer sorbiendo el precipicio.
Un caramelo hijo del desquicio
es esta boca de nena con crayones,
con frutas, con plumas y con dones
que el agua de la ducha
aquieta, apaga y deshace,
limpia y empuja a correr.



Foto: Irving Penn.

18 may. 2010

EL FLUJO QUEMA (I)


Era la disolución del tiempo.
Uno se aferra para quedarse.
Para irse, también.
Los pliegues de las sábanas
superaban los pliegues de los paños
barrocos. Estaban húmedos.
Tu dedo índice era todo lo que necesitaba
para sobrevivir.



Foto: Irving Penn, 1950.

14 may. 2010

CREDO


Creo en mi mano todopoderosa
que avanza, toca y quema
la superficie transpirada y urgente
de mi cuerpo.
Creo en mis dedos, sus expertos hijos,
amos y señores desclasados
de todos mis profanos y espléndidos
agujeros.
Multiplicados por obra y gracia
de mi imaginación
sin bozal, sin cierre, sin correa.
Nacidos de mi sed.
Padres de mis prosaicos
estremecimientos.
Descienden
hasta la dicha del culotte;
abren pliegues, lamen cavidades,
resucitan la suma inagotable
de mis nervios.
Suben partiendo mi córtex
hasta ese cielo que parece que sí
pero se corre y no
pero insinúa que sí
y ya no sé
ni quién ni para qué ni cómo
pero de la adorable cruz
de esta tensión
no hay quien me baje.
Parada y apoyada
de espaldas a Dios padre,
tan viva que vivo un poco más
y me declaro muerta.
Pobre el que no se atreve
a horadar
la santa configuración de cada hueco,
la descarriada erección de las salientes.
Creo en todo lo que está caliente:
la comunión de los flujos que me empapan
la hostia que me acercan y me niegan
para mi desesperación.
Subo a la cima del Everest descalza,
te anudo el cabo de una cereza
con la lengua.
Y es todo para mí.
No te doy nada. Nada.
Ni mi patito negro
con su boa de plumas,
ni el látigo de cuero
ni la gloria de los pasamanos
académicos
y las escaleras al infierno.
Ay, qué miedo que me dan
la lanza romana y los arqueros.
Que miren cómo tiemblo
(y no precisamente por sus armas).
Desde mi propio y servicial
toro mecánico,
todo forradito en terciopelo.
Revuelta, rendida, despeinada.
Los apóstatas me abanican
el índice.
Los apóstoles
se inclinan y bendicen
mi extenuación.

28 abr. 2010

QUEMAR


Quemé los disfraces que te seducían.
No te seducían los disfraces.
Embebí en alcohol la enfermerita,
la colegiala y la secretaria.
Arrojé el fósforo encendido
contra las que estaban
a tu disposición.
Con los dientes rasgué
el baby doll, ridículo.
Qué baby ni baby.
Qué doll. A mí alentame
en las curvas del roller derby.
Te toco el piano desnuda,
sin tafetas ni moños ortopédicos,
con el pelo recién salido del mar.
Basta una mariposa desmesurada
en la cabeza.
Y en un momento dado
(suena la sirena)
apoyo una pierna sobre el teclado.
Las ruedas del patín rozan un par de notas.
Enlacé tu lengua y la atraje hacia mí,
hasta dejarte vacío de alfabeto.
Se acabaron los roles.
Ahora te quiero ver,
de cuerpo entero.




Música: Lady Gaga - Speechless
Foto: Paolo Roversi

23 abr. 2010

MI VESTIDITO



Yo tenía un vestidito precioso.
Con una falda llena de volados,
uno sobre otro, uno sobre otro,
como escamas de pez,
como puertas de niebla,
como imprevisibles cortinados.
Viniste y lo rasgaste todo,
lo manchaste, lo arrugaste.
Malo.
Ahora tenés que volver
a coserlo y plancharlo
sobre mí.



Es que yo no quería caer (mentira).
No quería seguirte (otra mentira).
Ya antes de caer había comenzado
a flotar (esto es cierto),
a disfrutar la ley de gravedad,
a sintonizar tus ojos centrípetos.
Bueno, bueno.



Pero qué bueno es caer
en el abismo de la selva.
Uno ya ni se acuerda de quién es.
Pero podría seguir tu pista
con mis zapatos con lazos de seda,
con tacón, con determinación
de cachorra asediada
por el hambre (de vos).

Estoy en Hungerland.
Así que no me esperes escondido
en la república solitaria de los hongos.
Hay mejores venenos.
Mi nuevo vestidito
no encuentra su lugar
en esta casa.
Esta casa no alcanza
a contener el pulso
de mi cuerpo.





Fotos: Annie Leibovitz.
Natalia Vodianova con Olivier Theysenks, Tom Ford y Marc Jacobs.
Natalia Vodianova by Helmut Lang.

21 abr. 2010

TU TRIÁNGULO



y ahora qué podré comer que no sea mi pelo sí y el bucle cerebral
que se agota y se asfixia reteniendo tu aroma y ahora qué podré
hacer que no sea comerme la mano que voló tus puentes
que cavó que se rindió a tu furia que perdió sus dedos
pasando como cartas bajo las puertas de tu reino
y ahora qué mi boca te la di no está se fue
ella es tu delicado triángulo invertido
tu concedido triángulo isósceles
para abrir ella es tu triángulo
no quiere retirarse
no sabe no puede
despedirte
decirte
no




Foto: Francesca Woodman

15 abr. 2010

REGRESAMOS


No cederemos al canto caduco de las sirenas de emergencia de plástico de las jerarquías eclesiásticas. Resistiremos por mera náusea espontánea el poder hegemónico que aplasta y paraliza. Nos pararemos en los márgenes del mercado, para disparar. Y en su vientre, para disparar. No nos seducirán con fuegos artificiales de opereta. No nos darán de comer palabras que sean puro ruido. No les creemos. No les creemos nada. Por eso levantamos Babilonia. En medio del desierto. Para no servirles. Let's go on, with Romance & Cigarettes, aquí abajo. No aparten de nosotros este cáliz, porque nos deleitaremos deshaciéndolo. Rosa.

NO APARTES DE MÍ ESTE CÁLIZ



No me digas palabras que no sé,
que no entiendo, que no sabré leer.
No me digas palabras que no vi,
que no supe, con las que no sabré
qué hacer. Extraviada.
Dame de beber, en la boca.
Mi boca se abre a la sed que lleva,
que no puede soltar,
tu nombre.
Mis dientes se resisten a ceder
tus letras.
No me des de sufrir, de llorar,
de amputar mis uñas,
hasta flotar como un alga
iridiscente y tristísima en el río.
Dame de dormir, de olvidar,
de serenar el desorden
desesperado y desolado
de mi pelo.

Pero no. No es ésta la manera.
La manera es soltar y dejarse acunar
por mis amantes. Las deidades domésticas
que desatan mis nudos, por instinto.
Me sumerjo en la temperatura de mis perros,
en la textura evasiva de mis gatos,
en las páginas marcadas de mis libros,
en el polvo que soplo de mis botas.
Son del color del agua que invita a naufragar,
son del color del agua que impulsa a descender
para cantar, desde el fondo de mí,
mi aterrador y glorioso desamparo.

No apartes de mí este cáliz.
Lo masticaré mansamente,
empapada, descalza y en enaguas,
hasta hacerlo pedazos.
Esquirlas devoradas por los peces,
magmáticos. No los perseguiré.




Romance & Cigarettes, John Turturro, 2007.
James Gandolfini - Kate Winslet
Kate se deja invadir por Ute Lemper.
Ute canta en la boca de Kate "Little Water Song",
escrita por Nick Cave.

24 feb. 2010

SIGUIENDO TUS PISTAS


Me dejaste cartas en los bares,
una moneda gastada en la cabina
de un teléfono público,
palabras arrancadas del Libro de los Vivos
en las bandejas de las panaderías.
De un camión de mudanzas
cae la chispa inasible de tus ojos.
No podré recogerla.
No quisiera retenerla en mi bolso.
En la nieve del parque encontré tu bota
de cuero, con cordones.
Tu boina de lana rodando en la avenida.
Mientras los chicos patinan en la nieve
tu tacto rodea mis dedos en el guante.
Me das de comer en la boca.
No te veo.
Me das de beber.
Soy la planta que busca
tu lluvia imprevisible.
En la tienda dejaste
un pequeño conejo de cerámica,
partido y pegado sin oficio.
Te pensé restaurando
una oreja de seda lastimada.
Una tarde sostendremos el hilo
de un barrilete rebelde,
en Coney Island.
"... We were dumb but you were fun.
How I wonder where you are.
Sailing over Coney Island.
Twinkle, twinkle ...", no hay manera
de que a mi risa la sujete un ancla.
Mis perritos son mis hijos
y me lamen los pies
con tu lengua.
Envuelta en una manta
te mordisqueo los dedos
que no he visto.
Sé que es cuestión de un tiempo
fuera de este tiempo plano.
Que gires la cabeza
para reencontrar mi cara.
Tan lavada.
El mundo hace el sentido
de los caleidoscopios.



En la foto: Agyness Deyn.

12 feb. 2010

LOS FAROS


La penetro mientras me da la espalda,
aunque esté frente a mí.
Espera que aparezcan los faros,
de pie sobra la ruta vacía.
Ha dejado su modesto equipaje
a un costado.
Se travistió de chica de su casa,
con peluca de nylon, faldas inverosímiles
y una camisa blanca, imperdonablemente
bien planchada.

Sus ojos me atraviesan
como si yo fuera de papel.
Penetro a una pasajera
en tránsito.
Ella busca
la irrupción de los faros
en la curva.
La señal de que éste es el lugar
desde donde se puede
empezar de nuevo.
Esa es la historia
que le contó a Manon
la chica que gobierna los faros.

Manon calla, mira,
sueña, ayuda y espera,
ayuda con su espera
al ajuste definitivo de los faros.
Ha creado una doble
que se para en la ruta,
a esperar.
Manon no está completa.
La doble es una muñeca de madera,
con faldas y peluca,
con una cavidad abierta
a la altura del pecho
donde se aloja el corazón
hipnotizado y tembloroso
de Manon.

Quiero ser el faro de Manon
en la tormenta.
Que busque en mí.
Que me deje guiar
su barca.
Se lo suplico,
sin que Manon se mueva.
Manón está mirando a su muñeca.
Si aparecen los faros en la niebla,
correrá de alegría.
Si no aparecen dentro de cierto tiempo
(¿cuánto tiempo es posible esperar los faros?)
la muñeca podrá girar,
recoger su equipaje,
abandonar su puesto de vigía,
regresar a casa.
Es posible, también, en esos casos,
que la muñeca no de señal alguna
excepto un hilo rojo manchando la camisa,
cuya última e intermitente gota
caiga sobre el asfalto.
Convivo con el riesgo del disparo,
la desaparición y la espera
insensata
de Manon.

La penetro mientras dibujo en su pelo
la forma de mi faro.
"Yo seré tu farera", le digo,
"dejarás el asfalto por el mar".
Y el pelo de Manon no huele a sal todavía.
Huele a combustible de automóvil.
A viento que trae y lleva las promesas.
Estoy enamorada de Manon.
Esperaré aprendiendo
el flujo lunar de las mareas,
enviándole señales cada noche
al corazón que se consume y se cansa
en el pecho horadado e inmóvil de su muñeca.





Foto: Cindy Sherman, Untitled Film Still Nº 48, 1979.
Film: Lucía y el sexo, Julio Medem, 2001.

7 feb. 2010

PORQUE SOY SOLO LA NOVIA DE LA NATURALEZA


Porque soy solo la novia de la naturaleza.
No puedo cazar la mariposa.
El pez se escapa por los agujeros cómplices
de la indomesticable red atrapasueños.
La brújula se altera. No está desorientada.
Sobrecargada de orientaciones se desvela.
Mi vagina puede ser un tren,
la aguja del Empire State, un cirio ardiente.
El cuenco del que sorbo mi cosecha de té.
Hoy es un tronco de corteza resuelta.
Mañana es una cuna que se hamaca
a tus pies.
Porque soy Hansel en pollera y tacones,
con una plumita en el sombrero.
Porque soy Gretel rapada y con corbata,
con hambre de comer.
Se bifurca el camino. Se rompe la clepsidra.
El mástil se alza y sostiene la bandera.
La bandera envuelve
el cuello del mástil sin saber
quién y cómo será el próximo himno.
Mi invitación personal a las guerras floridas.

Porque soy solo la novia de la naturaleza.
El agua se derrama en la guardia nocturna.
Mi lengua cambia la inflexión de su voz.
No hay forma de bautizar mi aliento.
No hay forma de cristalizar el flujo
de las mareas.
Mi sexo se deshace en el laberinto.
Hay algo en mí que no sabe qué es.

Porque soy solo la novia de la naturaleza.
No puedo asir el viento.
Pedirle que se calle,
que obedezca y se siente
entre mis sienes.
No puedo amarrar a una correa
el deseo flotante de mi piel.
La flecha,
emplumada y hambrienta,
apuntará,
como el viento,
adonde quiere.





Foto: Tilda Swinton, por Paolo Roversi.
Film: Orlando, Sally Potter, 1992.

3 feb. 2010

PRIMERA RONDA DE CONSULTAS



Hartas de las vaginas televisivas de peluche que nos recuerdan a los Muppets y hacen retroceder espantado nuestro Punto G. Hartas de la soporífera Barbie y su noviecito Ken exasperantemente planchado y al que ciertamente le faltan varios caramelos en el frasco. Hartas de la imbecilidad irreversible a las que nos someten Cosmopolitan y sus hijas bastardas. Hartas de las vedettongas que simulan transgresión pero no se animan al hardcore. Hartas de las que solo se atreven al desnudo "si es una producción cuidada" (cuando lo cuidado es, precisamente, lo que nos duerme el clítoris). Hartas de las que trepan haciendo uso de los recursos femeninos más previsibiles y grotescos.

Hartas, en fin, de la falta de naturalidad, recurrimos a los ojos de Cassandra y Cassandra montó su gabinete de consultas en Babilonia. Responde de espaldas y, cuando no le creen, se baja los lienzos, así, y da por concluida la sesión. Porque está harta, harta de que la tomen por loca desde los tiempos de la antigua Grecia.


Las consultas femeninas, masculinas o así ("uns masculinos, uns femininos, uns assim", dijo el inagotable Caetano) pueden dirigirse directamente a este blog o a morganlefay@live.com.ar. Se promete estricta reserva de identidad y se agradece la invención de un alter ego. Se agradecen las invenciones, sin ir más lejos.

Srta. Rosa China ha sido la primera en requerir los servicios clarividentes de Cassandra con dos tópicos tan meneados como la portentosa verga de Rocco Siffredi. A Rocco le tenemos simpatía y, especialmente, a la madre de Rocco, que está tremendamente orgullosa de su hijo. No es para menos. Y ni nos queremos imaginar al padre, gritando el nefasto"¡hijo de tigre!" con la ñata pegada contra el vidrio de la nursery.

Sin embargo, consideramos que la Edad Siffredi, con su machismo de opereta coronado por tremebundos escupitajos de ocasión, ha quedado atrás (no olvidemos el Mayo Francés y a nuestra querida Judith Butler) y abogamos por la continuidad del porno donde las chicas empuñen no solo la pistola, sino la cámara.

Con ustedes, de espaldas y con los jeans a la cintura (por ahora), nuestra Cassandra.

Srta. Rosa China: ¿Cuál es la importancia de la longitud del falo en la provocación de placer sexual? ¿Si es corto se queda corto y si es largo vemos a Dios?

Cassandra: Oh, aguas del torrente Castalia, bañen mi boca y laven los engaños que pretenden imponerme cual cerrojos. Pesquiso el vuelo de los aves migratorias y las entrañas de un humilde cordero que jamás debió ser sacrificado.

He visto a los atletas olímpicos medir sus papirolas en los bosques de Atenas, cual jugadores de Atlanta en el vestuario. Por los piedras que todo lo han visto en el santuario de Delfos, respóndeme, Rosa China, qué te provoca más placer:

¿la lectura de un haiku o de la Divina Comedia?

¿la escucha del inconcluso Arte de la Fuga que asediaba a Bach o la ininterrumpida inmersión en las 32 sonatas para piano de Beethoven?

¿la contemplación de un mural de David Siqueiros o de un pequeño autoretrato de Frida Khalo?

¿el uso de tus botas de vertiginosa caña alta o de tus zapatitos de delicado taco chupete?

¿el soberbio foulard que ahorcó a Isadora Duncan o el minúsculo pañuelo que seca tus lágrimas?

Asimismo, querida mía, recuerda quién venció a quién en la lucha entre David y Goliath.

¿Comprendes, Rosa China, lo que quiero decirte?


Srta. Rosa China: Intento seducir a mi novio, pero no me sale. He tomado cursos de strip-tease y adquirido disfraces de mucamita, enfermera y colegiala en diversos sex-shops. Y no hay caso.

Cassandra: Oh, por Apolo que pidió mi carne a cambio del don de la profecía. Contemplo el movimiento de las llamas que me dicen: "cursos, no, te lo pido, no". Te cobran matrícula y arancel y egresás cual marioneta y clon patético de la profesora de turno (que con algún rebusque tiene que ganarse el pan). Tamaños disfraces están out. Atiborran el guardarropa del imaginario masculino, por Hécubo y por Príamo y todos mis antecesores en estado hot.

Srta. Rosa China, juega a solas con tu cuerpo, imaginando que eres la mujer pantera que filmó Jacques Tourneur. Y si no te alcanza, haz feliz a los hados y mira a Dita partiéndola en el burlesque, a nuestra suprema (con papas) Dita von Teese.


30 ene. 2010

SÉ SOLO UNA BOCA DIÁFANA


Con tu mano en mi nuca, dame agua en la boca.
Que no exista un canal de comunicación
ni un pasadizo ni un puente ni escaleras.
Nada que tenga una forma precisa.
Todo disuelto, todo confundido,
paladeando colores derramados.
Tan sin borde, sin punto de fuga
cuando se está cada vez
más cerca.
Todo fugado, todo volcado en mí.
Sé un animal en paz con este mundo,
un animal tiernísimo.
Mi esófago está abierto y entregado,
quiero tu lengua hasta ahí
(donde solo hay conciencia
de un jardín desbordado,
de los botones desabotonados
en el centro desplazado de la flor).
Todo movido, todo corrido.
El animal se sumerge en el lago.
No me tires monedas,
no pidas tres deseos.
Todo cumplido, todo deshecho,
todos los cables cortados.
Todos los tallos erguidos.
El estallido de fosforescencias
deja ciego
al animal hundido en la tela.
Toca en cámara lenta
el destello evasivo de las algas.




Pintura: Ramo de flores de primavera
Pierre Auguste Renoir, 1886

27 ene. 2010

BANDERA ROJA


Es solo cuando veo sangre.
Tu mano suspende el recreo.
Guarda la campana. No se sale a jugar.
Tus ojos me editorializan desde el púlpito.
No se duda. No hay derecho a dudar.
Es solo cuando no me ves,
a pesar del triple subrayado.
Aunque haga señas y grite
como un futuro ahogado
mientras el mar se come
la línea de la costa.
El agua insiste en fluir.
Horada y rompe.
El viento es algo que sopla.
Sin viento nos enterraría
la proliferación enloquecida
de las cosas.
No soy tu fósil. Tu hotelito de hielo.
Mis articulaciones resisten tu candado.
Me desplazo. Me corro.
Estoy fuera de foco. Estoy fuera de campo.
Fuera de tu liturgia y de tu libro de horas.
Es solo cuando te acercás
con tu boca de sistematizar y devorarme.
Mi aleta caudal sabe
instintivamente
lo que hace.
No podrás alcanzarme, no tendrás tu bocado.
Nado hasta atravesar los bordes y desaparecer.






Foto: Adult females attack without provocation
(es lo que él cree)
Bob Carlos Clarke

25 ene. 2010

LA PRÓXIMA VEZ, UN MUDO


Así, sí.
Ay, así, así.
La boquita, mi amor,
cerradita.
Así. Así. Ay.
Callado, calladito.
Ay, ay ... ay.
Ay, así, así, así ...
Ay, ay...
No digas nada.
Aaaaah, aaaaaah,
ahahahaha ...
Ay, aha, aha, ay, ahhhh ...
Ah, así, sí, ahhhh, aha, ay ...
No hables.
Aha, aha, ahhhh, ay, ay, aaaaah ...
aaaaah, aaaaah, aaaaah, ahhhh, ahhhh ...
Ay, ¿por qué no te callás? eh,
eh, eh, que yo ya estaba,
yo ya estaba ahí ...
Fuck. Fuck. Fuck.
Fucking questions.
Que lo que más me gusta
es que se callen.
Cuántas veces
habrá que decírtelo
para que te enteres.
Fuck.


Esta vez no hay música. Por razones obvias. Solo el ruido de un par de patines arrojado contra la ventana del penúltimo cuarto. Y el ruido de cristales rotos. Y el crujido de los dos billetes establecidos más dos billetes adicionales (¿el precio de las palabras sobrantes?) que un hombre deja apresuradamente sobre la mesa del bar, ocultándose el rostro con las solapas de su impermeable y tropezándose al salir al desierto. Sin decir palabra. En silencio. Pero tarde. Muy tarde.

Foto: Just Loomis.

22 ene. 2010

DESHACERSE



Vengo a soltar y dejar entre tus piernas
cada una de las letras de mi nombre.
Vengo a perderme de vista,
a analfabetizarme de mí mismo,
a empujar con la lengua mis razones
en tu ciudad de niebla.

Aparto tu camisa
buscando la noche
que hace estallar el reloj
en mi cabeza.
Mis signos de interrogación,
mis instrumentos de navegación.
Los puntos de sutura.
Vengo a tu pila bautismal,
untada de saliva.
A descolgar del trapecio
tu hendidura.

Vengo a irme de todo.
A no poder narrarme.
A parirme por propia decisión
en tu espesura
que tira de mí,
que succiona de mí
señas particulares,
oficios y costumbres.
A ahogarme con mi tripulación
de silogismos y pares previsibles.
Para que cada número sea una bengala
que me ciegue y me permita ver
a oscuras.
Para morder lo impar y ser cifra
divisible
y no parar de dividirme
en tu estructura
infinitesimal.

En tu álgebra caliente y exiliado
de cualquier tiempo y de cualquier lugar
cada lunes vengo a disolverme,
a las tres de la tarde.
Cuando me voy, me dejo atrás,
no estoy donde creen que está
mi cuerpo.
Durante seis días no me extrañarás.
Te encerrarás a buscarme y me tendrás
en el flujo que te bese los dedos.



Foto: Francesca Woodman

20 ene. 2010

MÚSICA DE BABILONIA



Uno de los conejos se acercó a Clara, para que Clara encontrara este texto (¿esta carta?) amorosamente colocado en su boca, bajo su hocico persistentemente tembloroso. Es el Conejo de Hocico Tembloroso, el elegido para llevar mensajes. Clara vino hasta mí, a preguntarme si yo lo había escrito. Los hocicos de todos los conejos tiemblan. Pero el hocico de este conejo tiembla siempre. Yo, Perséfone, no he escrito esto. Clara sopló su flequillo (signo de curiosidad y de entusiasmo) y el papel se agitó levemente. Creemos que se trata del Pianista, que es el Pianista quien ha escrito sobre el Pianista y sobre nosotras y sobre sus amores, es decir, sobre las sutiles declinaciones de un mundo compartido, deliberadamente bautizado Babilonia.


En un rincón oscuro del cabaret, está el pianista. Nadie sabe cuál es el color de su piel, si va de sombrero o va de traje, si ríe o si su gesto es de pesadumbre.

Destellos de tibia luz rojiza llegan hasta sus pies que, evidentemente, se mueven al compás de la música adecuada.

Las putas del cabaret aman al pianista, unas más y otras un poco menos. Y el pianista ama a las putas, a algunas más que a otras. Aunque últimamente le ha dado una especie de ternura caprichosa por Clara. Y siempre ... Kitty (los niños primero).

Es un amor correspondido y casi absoluto, no absoluto. Un amor masificado de energías que no admiten distinciones jerárquicas, multiplicado en la desgracia o en el dolor inexpresable. Porque la formulación de la pena no es derecho de putas. La negación del dolor o su simulación es un imperativo implícito, así fuera padecimiento del corazón o migraña. Nadie paga por gozar o ver gozar (fantasía macha si las hay) a una puta triste.

Pero el pianista, que además de pianista es hombre de aguda percepción, es muy capaz de saber qué sucede en cada una de “sus chicas". Por eso ellas lo tienen como un cetro dorado.

El pianista es un tipo solitario. Sin mujer, sin hijos, sin perro. O sea, solo también. Se dice: solitario por carácter y solo por mala estrella.

Las putas son sus compatriotas. El cabaret, su isla en el culo del mundo. El piano, su dios irrefutable. Del piano fluyen, moldeadas con paladar divino, las miradas de las putas, las sonrisas auténticas y las de compromiso, las caricias onerosas y, también, los instantes de amargura y furia contenida. El piano dulcifica el mundo y los dedos del pianista son los abracadabras de un dios de bajísimo perfil.

Dicen que los conejos del cabaret se desploman estremecidos sobre el piano. No hay lugar para todos, pero cuando el pianista ejecuta la canción preferida de los conejos (una canción remota llamada The boxer), se arremolinan alrededor del piano subyugados por la cadencia lánguida de la melodía.

Eso no es extraño, aunque sí paradójico. Porque así como los conejos salen muchas veces de galeras encantadas, del piano surgen imágenes que no todos pueden percibir y que enamoran. Se precisa una cierta sensibilidad que los conejos poseen y que los devuelve ilusoriamente al seguro y cálido encierro de la galera. The boxer.

Hay una chica del cabaret que se jacta de vomitar conejos. Pero nadie debe creer eso. Los conejos están ahí desde mucho tiempo antes de que cualquier otro ser llegase, antes, incluso, de que alguien tuviese la loca idea de erigir esa estructura de piedra en la traicionera alfombra de arena de un desierto provisorio.

Por otra parte, los conejos son siempre los mismos, como las putas y el pianista. Pasan, sí, hombres desconocidos que se confunden en el fárrago nocturno con los “buenos” clientes. Como se confunde la invariable melodía del piano con el sonido incómodo y ahogado de los orgasmos fulminantes.

Esas estrellas fugaces que atraviesan los salones montadas en estertor y gemidos, sudor y espasmo y que, después, salen por la puerta del cabaret a perderse en el cielo infinito de todos los orgasmos que en este mundo han sido, transformados en polvo intrascendente del pasado.




Foto: El Pianista, por Hello Kitty.

A leer la carta del Pianista, nuestro amigo Migue rescató de su memoria esta escena de The Fabulous Baker Boys. Oh ... my goodness!, sí que nuestro pianista se parece a Jeff Bridges, aunque solo lo veamos en penumbras (y eso Migue lo sabe porque tiene un trompetista invisible y además esta hecho, Migue, de cine y música y palabras). Palabras no diré ni una acerca de las ocupaciones, en Babilonia, de Migue. Michelle nunca estuvo tan bella como en esta peli (especialmente cuando se extendió cual sirena deluxe sobre el piano) y, en cuanto a Jeff Bridges, todos en Babilonia profesamos el Dudeism. Todos los que vivimos acá tenemos, en definitiva, el espíritu de The Dude ... en The Big Lebowski.


18 ene. 2010

QUICIERA QUE ME LEAS EN VOS HALTA




(No hubo caso. Conociéndola, lo sabíamos. Todas las hetairas se ofrecieron. Pero Clara no quiso dictarle sus palabras a nadie).


Detráz de hestas plumas no ai nada. Nada falzo.
Pestanias poztisas. Unias esculpidas. Ciliconas.
Vajo heste flequiyo hes todo berdadero.
No hai prótecis. Colájeno. Sonido Dolvi-Estéreo.
Liposuxiones. Rejubenisimientos baginales.
Himplantes. Lácer. Vótox.Visturíes.
Solo javón y champú. Hagua que ríe
cuando me laba heste cuerpo soverano
que se reciste a las interbensiones.
No ai tatuages. Bendages. Hinsiciones.
Te habiso por si hestá en tus hiluciones
tocar una munieca retocada.
No soi una munieca. Pero bibo asomvrada.
Bibo con hestos hojos vien aviertos
ha los paisages que mi mano me depara
cada ves que me toco.
Soi la vuena salvage
prebia al contrato sosial.
Halgunos se pucieron de hacuerdo
sovre lo que hestá vien.
Y lo que hestá mal.
Tenés que olbidarte de los livros
para penetrarme.
Avolir la lei.
Quiciera que me leas
en vos halta
para ber,
para vever y avsorver
de qué hestoi echa
(porque en el cilencio,
hofisialmente, hestoi desecha),
cuál es mi horden,
cuál es mi materia.
Halguien como bos
tendría
que poder.




Foto: Just Loomis.

16 ene. 2010

EL PAÍS DE LOS NIÑOS



Kitty es mayor de edad,
aunque no lo parezca.
¿Pero qué es la edad?
¿Quién sabe dónde queda?
Kitty te cobra un juguete.
Hello, Kitty.
Hello Kitty no puede
o no sabe o no quiere
abandonar
la infancia.
Se quita las ligas
por una jirafa de madera.
Alza, recoge y ofrece
sus pezones
(sus botones
tímidos y salvajes)
por una muñeca veneciana.
Se corre la diminuta tira
de las bragas
para que te sumerjas
de rodillas
en su tajo empapado,
a cambio de un chinito
en bicicleta.
Humedece tu glande
mientras tomás su nuca,
por un par de monedas
de chocolate.
Se pone en cuatro patas
y juega con su cola,
si le dejás un perro
de peluche.
Hay noches cristalinas
en las que Kitty llora
sin consuelo.
Sin que nadie la escuche.
Su mundo en miniatura
es un refugio
donde no entran los lobos.
Hay noches estrelladas
en las que llueve.
Kitty se esconde
debajo de la cama
rodeada de sus frágiles tesoros.
Sus mariposas mudas de papel.
Sus enormes anillos de bisutería.
Sus trenes eléctricos y sus tazas de té.
Su geografía a cuerda. Sus ojos como lagos.
Noches en las que el miedo
paraliza y oxida
los giros de metal de su juguetería.
Hello Kitty deja rasgar su himen,
fascinada.
Rasgarlo del derecho y del revés.
Se detiene el miedo y cada vez
es la primera vez de Hello Kitty.







Fotos: Irina Ionesco.

13 ene. 2010

TU ESTANDARTE




Marianne vive dentro de las imágenes que cuelgan en las paredes negras del Salón de las Témperas. Como invariablemente va descalza, no necesita quitarse los zapatos para ingresar a los cuadros y fundirse con ellos de tal forma que se deshace en los colores y en las formas, hasta ser parte del soporte, hasta ser el soporte mismo. Ha dicho que Alice merece ser pintada, cuando se cuelga en el trapecio cada lunes, a las tres de la tarde. Y que quisiera perderse en los ojos de cinematógrafo de Manon. Marianne podría mutar en peca de la espalda de Ninette o en las diestras falanges ocultas bajo los guantes de Fausta.

Cuando sus clientes la reclaman, es Rolling Jenny quien, en bikini y patines, entra y comienza a girar en el Salón de las Témperas, cada vez a mayor velocidad. Cierra los ojos y señala una imagen: "Allí está Marianne", dice clavando los frenos. Entonces se acerca y susurra su nombre. Los colores tiemblan imperceptiblemente, las formas comienzan a agitarse y la imagen ondula. Rolling Jenny inclina la cabeza hacia un costado, luego hacia el otro, para asistir al brevísimo instante en el que Marianne cobra su forma real y pisa el mismo piso que sus patines. ¿Pero quién podría estar seguro de que existe una forma "real"?.

A Lucrecia H. le encanta Marianne. Y también Marianne Faithfull. No solo porque ahora en su madurez luce las perlas que asedian y acompañan a Lucrecia H., sino porque tiene bien claro que esta mujer, en sus épocas de ignífugo descontrol, le voló a varios chicos (incluido Mick Jagger) la cabeza. Y ahora juega de la mano de Polly Jean (Harvey), en una soberbia conjunción astral. Por eso Lucrecia H. musicaliza las palabras de Marianne con las de Faithfull, faithfully yielding to the elusive stirrings of Marianne.  

Soy tu estandarte.
Sigue mis pliegues, mi compás,
mi sextante. Sigue
lo que mis ojos ven,
lo que nadie advierte
en esta hora.
La oscilación levísima
de una brizna de hierba.
La huella insomne del lobo
en la hondonada.
Haz de mi cuerpo
tu patria irrenunciable.
Y de mí, lo que quieras.
Me dejo hacer.
Clávame la estocada
que me impulse a seguir,
a reír, a morder, a romper
el reloj detenido de tus vacilaciones.
Te pido que te vacíes en mí,
para ser completo.
Exígeme que lo reciba todo,
para no vaciarme.
No diré basta. No me retiraré.
Quiebro la lógica de tus ecuaciones.
Desátame los nudos de la sien.
Si nos quedamos quietos,
que sea para mirarnos a los ojos.
Para luego atrapar
el contorno adorable de tu rostro
con el cuenco que forman
las plantas de mis pies.

Conduzco tus ejércitos altivos.
Extraviados, exhaustos.
Vienen detrás de mí,
narcotizados. Sedientos.
Beben las hojas de mí,
estas bifurcaciones de mí.
Soy su mandrágora.
Hay que soltar a los muertos,
hay que dejarlos ir.
Vibra en las cuerdas
irredentas
de mis venas.
Redímelas de tanto hastío
imperdonable,
tanta traición urdida
sin mojarse en el mar.
Conságrame un altar
de flores lúmpenes.
Dame tus escaleras
para avistarlo y trepar
y creer y soñar y ser más alta,
aun más alta y valiente
que mí misma.




Pintura:    La libertad guiando al pueblo
                     Eugene Delacroix, 1830

Música:   The Mistery of Love
Canta:     Marianne Faithfull
Escribe:  P. J. Harvey

12 ene. 2010

CALL ME (TE ATIENDO YA)




Oh, Debbie Harry, que ruedas cual gata en celo, turquesa hasta en la sombra de los párpados, sobre una cama perfectamente circular y explícitamente anhelante. Que no tienes histeria ni más vueltas que las de tu propio cuerpo en combustión. Que no dices que sí-que no-que sí-que no. Que dices Sí. Que no dices te quiero-te odio-te quiero-te odio-pero-no-sé. Dices Te Necesito. Con el flequillo deshecho que cae como una lluvia recién salida de la ducha sobre la frente. Con anteojos negros para no encandilarse porque quema. Lucrezia H. adora tu frontalidad. A ver si te sostiene la mirada Richard Gere. A ver si puede mantener esa velocidad. El collar de perlas de Lucrezia H. estalla al musicalizar. Las perlas ruedan sin freno como Debbie Harry. Lucrezia H., la que no se entera del punto final, te está llamando.


Hoy te llamo
Convoco a tu cuerpo
Pronuncio el nombre de tus partes más dulces
Arengo la sangre de los capilares
Y de las venas que te erigen
Se me abre la boca
Mis labios profesan la mímica de tu ADN
Soy aura que tornasola el rojo
Y lengua que juega con el recuerdo de tu sal
La voz se me evapora
Exudo urgencia
Mi vulva secreta la caligrafía de tu apellido
Los pezones se rebelan a emballenados y moños
La erección de mi deseo apunta al Sur
Todo en mí se dilata y late
Ya solo veo la sombra de tu forma
Penetrando y presionando mis paredes más tensas
Husmeo el trazo de tu sexo
froto y doy señales de mujer que te conjura.

10 ene. 2010

EPÍSTOLA A LOS VATICANOS



Rosa redacta y lanza, desde el estado de emergencia del Salón Luxemburgo, sus manifiestos sexo-políticos. Rosa es nuestra punta de lanza, nuestra lengua que quema, nuestra perpetua guerrillera sublevada. Esta epístola ya fue enviada a los aposentos papales, vía un soldadito de la guardia suiza que frecuenta Babilonia. La foto que precede estas palabras pertenece a Rolling Jenny (también su contenido) y fue utilizada por Rosa a modo de estampilla.  

"Patético Maledetto XVI con bonete (y amigotes de tu calaña):

Hace calor. Mucho calor. ¿No tenés sotanas de manga corta? Doná tu cetro para un pole dance y tu mitra a un circo. Tu pasado te condena. Tu presente, también. ¿Sabés que lo que importa es el más acá porque desde el más allá nadie mandó postales, hasta ahora? Tu industria y su deprimente merchandising es, sí, Él tenía razón, el opio de los pueblos. Las cadenas de los esclavos devinieron coronas de espinas aprisionando la cabeza de los fieles. Preferimos el consultorio del psicoanalista a tu confesionario. Por lo menos ahí nos miran a los ojos, no nos juzgan ni nos imponen penitencias. Además, ¿quién te dio el diploma de traductor y consagrador de mártires y santos? Saliste de una fumata fascista, así que no vengas a hablarnos de democracia.

Rematá tu colección de obras de arte y repartí tu fortuna entre los pobres. Mostrá tu balance y justificá tu patrimonio. Cortala con la prédica contra el condón, genocida. Escupimos tu opresiva trilogía pecado/culpa/castigo. Escupimos tu leit motiv inculcado en la infancia taladrando cabezas: "por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa", golpeándose el pecho acongojado que debería estar, ciertamente, invadido por el placer y jamás por el miedo, dictadura paralizante e invisible.

Lavá tu babeante boca con lavandina antes de censurar a las putas. Mostramos lo que hay y prometemos lo que estamos en condiciones de ofrecer. No bendecimos ni condenamos en nombre de lo que jamás hemos visto y cobramos estrictamente por lo que entregamos. Y muchas veces no cobramos, porque los solitarios necesitan más nuestro oído que nuestro sexo.

Que tus amigos dejen en paz a los niños. Que se vayan todos. Tus homilías apestan y nos duermen. A la Maiolo te la mandamos nosotras. No quería saludarte, precisamente. Enterate. Antes de que se pudra tu institución, queremos una Papisa negra. Tus mocasines colorados son la decadencia en bicicleta y los ajuares y faustos cardenalicios, un insulto al pueblo. Escuchá heavy metal, a ver si se te ablanda la sesera y disfrutás de tu cuerpo en lugar de ofenderlo con tus pajas papales. Papanata.

Decime en qué ha contribuido tu corporación, aliada inveterada de militares y monarcas, al progreso de la humanidad. Capomafia. Tu retórica del sufrimiento es una tiranía y una obra maestra del cinismo.

Pedí perdón a los supuestos herejes asesinados por tu cofradía y mostrá tus instrumentos de tortura. Tratá de no tomarte siglos para las disculpas. Te metería en el orto el telescopio de Galileo, para que aprendas. Entre otras cosas, que los hombres también tienen un Punto G. Y que muchos lo descubren durante un masaje prostático en la revisión médica. Machista.

Nuestra genitalidad nos pertenece y no sos quién para decirnos cuándo, cómo, con quién y para qué ejercerla. Represor reprimido. Como buen represor.

Reconocé que los animales son mejores que las personas, a las que el capitalismo ha inoculado el veneno del consumismo y la avaricia espiritual. Parate delante de los tanques de guerra, para que no pasen y, para que si pasan, lo hagan sobre tu cadáver ofrecido en son de paz, ya que estás tan seguro de que nos espera un paraíso mientras sufrimos a lo bestia en este valle de lágrimas que no nos merecemos.

Desde Babilonia reivindicamos nuestro justo derecho a ser felices, mientras estemos vivos y sin pagar peaje. Hemos donado todos nuestros órganos para después de muertas, estremecidos por la belleza terapéutica del goce.

Si existe un Cristo, es el que nos contó Pasolini en su Evangelio según San Mateo. El tuyo es la víctima de un padre déspota.

No te tocaríamos ni con un chorro de soda. Ni aunque nos ofrecieras el baldaquino de Bernini. Y mirá que Bernini nos cae bien. Por sus fuentes lúdicas, especialmente, y ese elefantito precioso cerca (pero fuera) de Santa Maria sopra Minerva. Aunque le sacaríamos a sus esculturas todos los símbolos de tus antecesores. Ególatras.

Va este hitazo de Erasure para los seminaristas dubitativos que todavía puedan ponerse a salvo.

Nunca seré tu Rosa (creo que quedó claro)"


7 ene. 2010

EFECTO PATINAJE



Nada es estable ni es lo que parece
cuando aparece patinando
Rolling Jenny.
Quitate esa bikini, corazón,
mostrá la pista de las marcas del sol
sobre tu cuerpo.
Rolling Jenny es una autopista.
La perdición de los autostopistas.
La penetró todo el sol californiano.
No hay cazador al vuelo que se le resista.
Ni explorador que no asome y desvista
imaginariamente a Rolling Jenny.

Las mínimas stars & stripes del estampado
se escapan y se esfuman de costado
cuando rueda de salón en salón.
Tirar de las tiritas. Eso quieren,
los que extienden su mano, exasperados.
Rolling Jenny y su daikiri de colores
son la promesa evasiva de un tornado
que extenúe sus planes no planeados
y los deje agotados boca arriba.
Esa es la trampa de mi Rolling Jenny.

En su vulva quedan restos de arena.
Baldes, palitas y moldes de animales.
La sombra de una gorra con visera,
el reflejo de un sueño con palmeras
bajo las aspas de un ventilador.
Que alivie los vapores que marean
cuando Jenny se monta al pasamanos
y desciende en trance la escalera.
Quitate la braguita, corazón.
Convidame el cigarro de tu boca,
mientras te arranco el sostén,
mientras pierdo el sostén,
me vuelvo idiota.
Te desato el cordón de los patines
y mi cordura patina en tus confines.
Esa colita que te sujeta el pelo
es un delito penal no excarcelable.
Mi largo invierno se vuelve insoportable
en las gotas de sudor de Rolling Jenny.

Me tenso, inmóvil, observando sus flexiones,
sus trompos solitarios. Sus versiones
de la montaña rusa en plena playa.
Sus pezones erectos son visiones,
son relámpagos entre los cortinados.
En su vulva quedan restos salados
de la espuma que se filtró en los bordes.
Vengo a verla puntualmente cada tarde,
a obnubilarme con su risa. A iluminarme.
A lo lejos soy su crema untable,
su lona a rayas, su boomerang, su frisbee.
Su pelotita, su hueso comestible.
Sé que estoy viva mientras patina Rolling Jenny.





Foto: Just Loomis

5 ene. 2010

ARTE DE HACER LLOVER



Y ya se quita precipitadamente
las gasas y los tules.
Los pajaritos de colores que insisten en dormir
en los bucles que anidan
sobre los bucles ocultos de su cabeza.
Dobles bucles de seda donde caen y se enredan
los iniciados. Los inexpertos y los entrenados.
A los bucles salvajes de su entrepierna
los extermina de un soplo de ciclista.

"No me controlen. No me contradigan" 
Y ya arroja las faldas sucesivas
y desanuda con dedos imperiosos
los lazos tensos del corsé
que comienza y termina
bajo la curva demencial y sísmica
de sus arcos de leche condensada.
Se ha liberado de redes y cortinas.

Ha reiniciado el juego
de su primera y su última edad.
Es su hora líquida.
Arroja el terciopelo y el tocado
hecho de piedras y puertas
de ciudades perdidas.
Está desnuda y está colocada.
En el exacto centro de la sed
de las plantas
prohibidas.
Sale al jardín
para que sea inundado.
Se estremece y se moja
para hacer llover.

Su iris sigue el péndulo
del agua.
Una gota se asila
en su axila ofrecida
a las cascadas.
Que le anegan la nuca.
Le recorren y riegan
el canal
que divide su espalda.
Corren el maquillaje
que se corre
sobre su cara
de muñeca reanimada.

Los hilos
que penden de su vulva
penden.
Estalactitas de cristal
en suspensión,
desconcertadas.
Ninette ríe.
Contrae los labios
para succionar
las tanzas.
Como un caramelo
desaparecerán.
Y volverán sus amantes
a invocarlas,
para llevárselas,
cavando con la lengua,
al fondo desfondado
de sus gargantas.





Foto: Irina Ionesco.

3 ene. 2010

FÚNDAME

Fausta edita su propio material, su propio cuerpo, bajo la antigua araña de caireles del Salón Mélies.



Quiero nacer del roce implacable
de tu látigo.
Estimula el semen que prohijará
mi edad moderna.
Arrasa los altares consagrados
a los estériles dioses caídos
a tu paso.
Modela con tu mano el glande
que inundará la tierra
de las nuevas ciudades.
Mis torsiones, mis giros,
mis descansos.
Sé mi tren.
Beso los soles evasivos
de tu impermeable negro.
Los soles negros que serán
mi magma.
Clavo tus tachas de metal
en mi cintura
para que me sostengan.
Sé mi arnés,
hasta que pueda irme.
Yo no he tenido oficio,
no he sido hijo ni padre,
hasta tu lengua.
Dame parques, boulevares,
vapor.
Habítame de transeúntes presurosos.
Dame motores que atraviesen
mis arterias urbanas y me enciendan.
Quiero ser los cristales rendidos
ante el tacto perplejo de tus guantes.
Quiero ser cristal para cortarte
y probarte que nací y estoy listo.
Sé el cuenco que reúne
mis piedras dispersas de basalto,
la alteración de mi ónix,
la impúdica soberbia de mi jade.
Juega con mis pedazos
hasta vestirlos e investirlos de placer.
Sé el tutor que permite
el crecimiento erecto de mis tallos.
Yo lameré la imperceptible
gota de sangre en tu muñeca
mientras te alejes jugando
con los círculos
que cuelgan de tus párpados.
Querré ser tu templo.
La gasa que absorba
los flujos inflexibles de tu sexo.
Girarás la cabeza hacia otro acto.
En la estación guardaré en mi cabeza
los papeles profanos de tu fecundidad.
Nos separamos. Nos perdemos.
Nos alejamos en el anonimato.
Llevo tu nombre grabado
en mi talón.


Música: Adriano Celentano, Hai bucato la mia vita
Video: Salón Mélies, regido por Fausta
Fotos: Fotogramas de Berlín, sinfonía de una gran ciudad
            (Walter Ruttman)
            Fotos anónimas de Berlín